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Cuando El Greco era Doménikos


Al principio se ajustaba a las líneas con celo. Como un estudiante que perfecciona el trazo de las letras en un cuaderno de caligrafía. Pero con el tiempo "rompería los perfiles, los encajes académicos, y empezaría a disfrutar" mientras ejecuta sus obras. 
 
Susana Pérez, restauradora del Museo Thyssen y miembro del equipo que ha realizado el estudio técnico de cuatro obras del pintor,sintetiza así la evolución de El Greco desde que dio sus primeros pasos en Italia, "constreñido" por su educación artística, hasta que "empezó a ser él mismo" cuando llegó a Toledo en 1577. La pinacoteca inaugura la muestra 'El Greco. De Italia a Toledo'coincidiendo con el 400 aniversario de la muerte del artista. 
 
Doménikos Theotokópoulos permaneció hasta los 26 años en su Creta natal, donde aprendió el estilo bizantino. Después se estableció en Venecia y, tras estudiar la obra de Veronés, Tintoretto y Tiziano, se trasladó a Roma en 1570. Fue acogido por el cardenal Alessandro Farnese, en cuyo 'palazzo' trabajó y entró en contacto con numerosos eruditos y artistas de la época. Años más tarde, atraído por la noticia de que el rey Felipe II buscaba artistas para decorar el Monasterio de El Escorial, viajó a España. Fue rechazado, pero decidió instalarse en nuestro país definitivamente. 
 
"La influencia iconográfica y conceptual italiana", se percibe especialmente en 'La Anunciación' (1576), el primero de los óleos estudiados, apunta Ubaldo Sedano, restaurador jefe del museo. La composición del dibujo subyacente y la ejecución de las pinceladas, que reproducen metódicamente el boceto, demuestran que el trazo de El Greco respondía más a los cánones aprendidos que a sus propios deseos creativos. "La mera visión conjunta de estos dos cuadros", el más antiguo y el más 'reciente', 'La Anunciación' y 'La Inmaculada Concepción', pintado 30 años más tarde (1608-1614), "nos dice de dónde venía y qué inmenso salto había dado desde la pintura renacentista europea en la que había sido formado", explica el director artístico del Thyssen, Guillermo Solana. 
 
Entre una y otra se exponen 'Cristo abrazando la cruz' (1587-1596) y otra anunciación, fechada entre 1596 y 1600. La metamorfosis de su técnica se observa no sólo en la capa visible de los cuadros, aumentada con fotografías de alta resolución, sino también en lasimágenes infrarrojas (que dejan al descubierto el dibujo original) y las radiografías (que, además de 'desnudar' el bastidor de la obra, atravesado por tablones de madera y apuntalado con clavos, permite ver el curso de las pinceladas). 
 
Los restauradores señalan varios cambios en la concepción y la ejecución de las obras de El Greco a lo largo de los años: los rostros evolucionan hacia una impronta más rápida, con unas texturas más marcadas; el tratamiento de las carnaciones va dando paso a un juego de colores y manchas realizadas con veladuras; la ejecución de las pinceladas es cada vez más suelta e indefinida, y el dibujo original se pierde. "Los últimos años son la culminación de un estilo inconfundible en el que las figuras se alargan y desdibujan con toques impresionistas, reflejo de su madurez intelectual y técnica", se puede leer en la sala de exposición. 
 
Esta iniciativa pretende dar visibilidad a "la magnífica colección de 'grecos' del Thyssen, que pasa un poco desapercibida", apuntó el restaurador jefe. Además, permite "mostrar al público esos aspectos de los estudios a los que normalmente no tiene acceso" y que ayudan a comprender "la forma de hacer de los artistas". El proyecto sigue la estela de 'El Paraíso' (1588), de Tintoretto, cuya restauración se hizo a la vista del público. En 2012, el museo instaló en el hall del edificio una galería acristalada tras la cual los técnicos trabajaron durante un año a la vista de los visitantes. El cuadro, que mide cinco metros de largo y pesa más de 300 kilos, regresó a su posición original en marzo del año pasado.